Hay una situación que se repite muy a menudo:

1. Recoges a tu hijo del colegio pero tienes que hacer unos recados en el Centro Comercial, así que antes de ir a casa y de que os de pereza salir decides ir a terminar con los pendientes

2. Al llegar al Centro Comercial le explicas que debe estar a tu lado porque podría perderse

3. Al minuto siguiente el niño sale corriendo y tú corres detrás de él en estado de nervios

4. Y así una y otra vez


No ven el peligro

Lo primero de todo es que debemos entender que para nuestros hijos, el peligro de perderse, ser raptado por alguien o algo peor no existe.

Ellos no entienden el peligro igual que nosotros ni son capaces de pensar en las mil cosas horribles que nosotros imaginamos cada vez que los perdemos de vista.

Además, no son capaces de adelantar acontecimientos igual que nosotros. No entienden que si se acuestan tarde un día, al día siguiente tendrán sueño. Igual que no entienden que si se pierden podría pasarles algo malo.

Así que en vez de enfadarnos con el niño porque no nos hace caso, podemos ponernos en su lugar y entender que lo que para nosotras es muy importante, para ellos no lo es tanto.

Los niños necesitan moverse

Si el niño ha estado en el colegio todo el día, muy probablemente habrá permanecido sentado mucho más tiempo del que un niño puede sorportar, por lo que al salir del cole ¡necesita moverse!

¿No os habéis fijado en los niños que salen de la escuela? casi todos salen corriendo y si tienen un parque cerca se ponen a trotar, a saltar, a jugar a juegos movidos…necesitan soltar la energía y sólo lo pueden hacer de esa forma.

El problema es que muchas veces tenemos muchas cosas que hacer y nuestros pobres hijos están obligados a seguir nuestro ritmo: llevar al hermano a una extraescolar, ir a comprar, recoger la ropa del tinte, etc. Pero si lo pensamos despacito, veremos que lo que necesitan nuestros hijos es correr.

Además, también necesitan estar al aire libre. Respirar el aire exterior, jugar con tierra, mancharse, inventarse juegos con piedras…y en el cole, ya están muchas horas «encerrados».

Lo ideal sería estar un rato largo en el parque cuando salen del colegio para que los niños puedan moverse a su antojo y suelten toda esa energía acumulada a lo largo del día.

Negociar, negociar y negociar

Seguramente, si además de repetir muchas veces que no deben escaparse corriendo, le explicamos que entendemos sus ganas de correr y negociamos con él ofreciéndole algo a cambio por el esfuerzo, conseguiremos mejores resultados.

Por ejemplo podemos pactar con él que iremos un rato a su parque favorito si nos acompaña al Centro Comercial y así le vamos enseñando el arte de la negociación.

Que no se aburra

Si el niño está entretenido es más probable que acepte estar a nuestro lado.

Podemos contarle un cuento mientras vamos andando, comentar las cosas interesantes que vamos viendo o llevarle algún juguete que le guste mucho para entretenerse.

Mejor solos

Y como última opción, se puede intentar no llevar al niño al centro comercial ni a esos recados hasta que sea mayor para entender el peligro de perderse.

Si este tipo de situaciones son un problema para la convivencia familiar, lo mejor es evitarlas y vivir todos más tranquilos ¿no creéis?

 

¿Y vosotros qué pensáis? ¿qué se puede hacer para evitar que un niño se escape corriendo por el centro comerial?