Cada vez que comento o escribo algún artículo donde se habla de respetar a los niños, empatizar con ellos, entender sus motivos, tratarlos con el respeto que se merecen como personas, etc. salen algunas voces que dicen que «no hay que dejar a los niños hacer lo que quieran» «estos padres tan modernos que respetan a sus hijos y crían animalitos» «los niños necesitan límites» y si no me creéis, podéis entrar a ver los comentarios del post: ¿Por qué no hay que obligar a los niños a dar besos?.

Lo he dicho muchas veces y lo repito de nuevo: la crianza respetuosa no es sinónimo de crianza permisiva. En mi casa también hay normas, seguramente no las mismas que en otras casas y seguramente muchas menos que en otras casas, pero las hay.

De hecho, pienso que la crianza consciente y desde el amor es más cansada y complicada que la «tradicional» basada en premios y castigos porque requiere más paciencia, explicar más las cosas, más empatía (cosa que nos falta a muchos adultos), más confianza en nuestros hijos de que sabrán hacerlo (cosa que también nos falta), más autoconocimiento para mejorar las cosas que fallan de nosotros, más cambios en nuestra vida para ser un ejemplo a seguir, más críticas externas…

Si os pica la curiosidad os cuento algunas:

No se pega, ni se grita, ni se insulta

Pero no lo hace nadie. Mis hijas no pueden hacerlo pero nosotros tampoco. Si yo quiero que mis hijas entiendan el mensaje y no se comporten de forma agresiva, tampoco puedo hacerlo yo.

Si quiero que mis hijas no peguen no puedo explicárselo pegándoles. Si quiero que no griten, no puedo gritarles yo.

Es decir, en mi casa no vale eso de «haz lo que yo digo pero no lo que yo hago».

Dentro de casa no se juega con agua

Para eso está la terraza y además es mucho más divertido porque nos podemos mojar libremente sin miedo de destrozar la casa.

No se come en el cuarto de juegos

Por una cuestión muy simple: se llena de hormigas (ya lo hemos comprobado para nuestra desgracia). Y mis hijas que ya han visto lo que pasa cuando caen migas allí son las primeras en recordárselo a sus amigos cuando vienen a jugar a casa.

Cuando vienen amigos a casa no se puede subir al despacho de papá

Básicamente porque está trabajando y los gritos y risas le molestan (obvio).

 

Me parecen normas lógicas y simples y mis hijas están de acuerdo con ellas, que es lo más importante. Sin embargo hay otras cosas que no son obligadas en mi casa como por ejemplo:

dar besos: sólo se dan si ellas quieren

llevar zapatos: en casa vamos muchas veces descalzos

hablar cuando hablan los adultos: mis hijas pueden participar en las conversaciones incluso pueden interrumpir…y si no las puedo atender se lo digo con educación «cariño espera un poco que ahora no puedo contestarte a eso». Yo odio eso de los niños no pueden hablar cuando hablan los adultos, lo odiaba de pequeña y lo odio ahora

decir por favor y gracias: no es obligado pero mis hijas si lo dicen…lo han aprendido con el ejemplo

jugar con el tablet o con la wii: sé que en muchas casas esto está prohibido pero no en la mia. A mi me parece que los videojuegos tienen más ventajas que desventajas y en mi casa no suponen una fuente de conflictos

compartir juguetes: no es obligado hacerlo aunque siempre les explicamos los beneficios de compartir nuestras cosas con nuestros amigos…y generalmente lo comparten todo

comer sólo en la cocina: mis hijas muchas veces meriendan en el salón y no pasa nada

no poner los pies en el sofá: yo los pongo y mis hijas también

no saltar en las camas: si, si, saltamos en las camas 🙂

no comer entre horas: si mis hijas tienen hambre pueden comer. No chucherías obviamente, pero sí comida normal porque yo siempre pienso que «no comer por haber comido no hay nada perdido»

¿Y vosotros? ¿tenéis muchas normas en casa?