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Hace ya varias semanas, cuando publiqué el artículo «¿Qué piensa de verdad un niño en la silla de pensar?» prometí un post con estrategias para reaccionar de forma respetuosa cuando nuestro hijo se porte mal sin caer en ese tipo de castigos.

Como el tema es bastante complicado, he pedido ayuda a varias expertas y les he formulado una única pregunta ¿Cómo reaccionar cuando nuestro hijo se porta  mal y cómo hacerlo reflexionar sobre su mal comportamiento?

Estas han sido sus contribuciones:

Louma Amor MaternalLouma Sader Bujana, autora del blog Amor Maternal, odontóloga (y con consulta odontológica online), escritora de varios bestseller en AMAZON (Reflexiones sobre Crianza Respetuosa, la Agenda de la Crianza Respetuosa 2014, etc.), diseñadora y mamás emprendedora. Imparte cursos y charlas sobre Manejo Respetuoso de Berrinches y Estrategias de Organización para Mamás Solas, etc.

Creo que podríamos empezar por preguntarnos «¿Qué es un mal comportamiento? ¿De dónde ha surgido y por qué?» Quizás estemos hablando de lo que tradicionalmente sería un comportamiento indeseable del niño, inadecuado quizás de acuerdo con las circunstancias dentro de las cuales nos hallamos en el momento, como por ejemplo, gritar en una biblioteca. También cabría hacer un poco de introspección y de retrospección para tratar de averiguar por qué nuestros hijo se ha comportado de esa manera. Tal vez haya tenido varios llamados sutiles de atención ( http://www.amormaternal.com/2012/09/crianza-respetuosa-no-logro-hacer-las-tareas-del-hogar.html ) a los cuales no hayamos prestado la debida atención, o tal vez ya se encontraba cansado y necesitaba estar en un ambiente en el que pudiera relajarse y simplemente ser niño. Otra cosa interesante es plantearnos si hemos estado en un espacio que no es adecuado para los niños. Una vez hecha esta reflexión, sabremos mejor cómo actuar como padres: si conversarlo, si evitar el ambiente, si explicar al niño cómo ha de comportarse en ese lugar con antelación para la próxima o si simplemente estar más atentos a sus llamados sutiles para la próxima.

 

lesliePowerLeslie Power, autora del blog Revolución del Amor, psicóloga clínica, madre de cuatro hijos. Experta en teoría del apego y psicoanálisis relacional. Gestiona un Círculo Maternal donde las  madres se sienten escuchadas y aprenden a cambiar la forma de relacionarse con sus hijos para conseguir mayor bienestar y salud.

Es difícil definir «mal comportamiento» cuando se aplica a niños, ya que los niños van desarrollando su cerebro y todo su cuerpo en la medida que van creciendo. Por tanto todos los seres humanos vamos conociendo lo que lo que nos hace vivir en armonía con los demás en la medida en que vivenciamos distintas experiencias. Por ejemplo si mi hijo de 2 o 3 años, molesto por algo, me pega, es muy importante que en un tono claro, seguro, pero no agresivo le muestre que lo que hace no me gusta. «Julián, no me pegues, no me gusta, entiendo que estas enojado porque se acabaron los dulces, te entiendo, pero no tienes que pegarme, en esta casa nadie le pega a nadie.»

Este tipo de frases o ideas (sólo sugerencia) se pueden ir repitiendo cada vez que el niño, frustrado, cansado, triste, con hambre o sueño, es decir, estresado, no encuentre palabras para expresar su estado de insatisfacción. Y claro! Son chiquititos y se están desarrollando! Pronto su cerebro encontrará las palabras para expresar adecuadamente lo que le sucede… Mientras, nosotros, sus padres, sus cuidadores centrales podemos ir explicándoles, traduciéndoles, lo que van sintiendo y que capacidad de lenguaje no puede expresar sólo por inmadurez . Por eso los niños hacen «pata-aletas» ocupan el cuerpo para expresar sus estados emocionales mucho más que las palabras. Acá estamos sus mamás y papás dispuestos a educar con miradas a los ojos, palabras explicativas, abrazos y amor o con castigos, golpes, indiferencias o gritos… Me quedo con la primera opción que es la que sin duda toma más tiempo y dedicación pero es la que queda para siempre no sólo en el cerebro, también en el corazón de nuestros hijos.

 

azucenacaballeroAzucena Caballero, Licenciada en Geografía e Historia, creadora de la Comunidad de Mamás Multitarea: Educarpetas, Co-directora del Programa Educativo Pedagogía Blanca y del programa de Coaching Mujeres Empoderadas, autora del Bestseller nº1 en AMAZON «Organiza tu Hogar en 30 días«, del libro «Mamá Logra tus Objetivos» y de muchos otros títulos enfocados a las madres que desean mejorar su vida, su crianza y su emprendimiento.

Primero, analizaría si lo que estoy calificando de «mal comportamiento» lo es realmente. A veces los niños necesitan más espacio, más tiempo, más comprensión de la que los adultos les damos. Pero si de verdad está actuando de manera que dañe a otro o a si mismo o poniendo en riesgo su seguridad o la de otros, o faltando al respeto a los derechos de los demás actuaría. Con los niños más pequeños no siempre entenderán las explicaciones, pero igualmente habrá que darlas. Sin embargo, lo esencial es intervenir en la situación para reconducirla, sin violencia física, ni verbal, ni emocional, pero si de forma tajante.

 

mamasincomplejosBelén de Mamá Sin Complejos, es autora de uno de los blogs de maternidad más conocidos de la blogofera «Mamá sin Complejos». Además es psicóloga y madre de un niño que da sentido a su vida.

En primer lugar, mantener la calma, es común que perdamos los nervios cuando nuestro peque tiene un mal comportamiento. No nos culpemos, el día de una madre es complejo, lleno de retos, de mirar al reloj, de llegar por los pelos…. somos humanas. Pero piensa que manteniendo la calma podrás gestionar mejor toda la situación.

Si hemos logrado esa calma, es importante intentar hablar con tu hijo sin alzar la voz. Si está muy enfadado o en plena rabieta, espera a que se le pase. No se trata de ignorarle, ofrécele todo el cariño que consideres necesite, pero espera para poder hablar con él.

Cuando consideres que está receptivo y si tiene edad suficiente para entenderte bien, habla con él. Explícale cómo te has sentido con su comportamiento, cuéntale que de ese modo no va a obtener ningún beneficio. Y lo más importante, ¡ofrécele alternativas de comportamiento!

Ello hará que pueda reflexionar sobre el hecho en cuestión.

No le des demasiada información, la justa. Y si necesita hablar más sobre el tema, te lo hará saber.

 

PilarGomezSanMIguelMª Pilar Gómez San Miguel, creadora del blog Crianza en Familia, maestra, mediadora familiar, asesora de lactancia y madre de tres hijos. Ofrece talleres sobre crianza positiva, para aprender a poner límites a nuestros hijos de forma respetuosa, para dejar de gritar en el hogar y conseguir una convivencia harmónica…

Esta creo puede ser una pregunta trampa, porque para cada padre tener un mal comportamiento es algo diferente, en función de los valores de cada familia, así que dar recetas universales es peligroso.

Por otro lado hacer reflexionar a un niño no es tan sencillo como creemos los adultos y depende en gran medida de su edad.

En primer lugar es importante que los padres reconozcamos en nuestros hijos todas las emociones y reacciones que nosotros tenemos: nos enfadamos, gritamos, sentimos deseos de venganza, hablamos mal de otras personas… esta conciencia evitará que juzguemos duramente a nuestros hijos cuando reflejan acciones o emociones que censuramos en nosotros mismos.

Los niños no aprenden tanto a base de sermones y tiempos para pensar sobre sus acciones como por las reacciones de quienes les rodean. Y por supuesto a través del ejemplo de sus padres, que son sus máximos referentes durante la infancia.

Así, si algo de lo que hacen nuestros hijos nos parece inadecuado podemos empezar por poner el límite que consideremos oportuno: detener a un niño agresor de su hermano, retirarnos de la compañía de un pequeño que nos grita y lanza improperios, retirar los objetos que esté rompiendo…

El siguiente paso es una mezcla de difícil equilibrio, que consta tanto de averiguar la razón del malestar que ha llevado al niño a reaccionar así; y al mismo tiempo, si lo creemos oportuno, decidir cómo reaccionamos nosotros. Siempre teniendo cuidado de evitar las «consecuencias educativas», y sencillamente reaccionar en función de lo que necesitamos: no prestar lo que nos ha roto, mantener una conversación en el momento en que esté calmado y preparado para hablar, separarlo de aquel a quien este agrediendo…

En niños muy pequeños es necesario tener cuidado porque sus emociones suelen son absolutas y no tienen apenas control sobre ellas, así que sus comportamientos «malos» tienen que ver con cansancio, sueño, falta de contacto y atención por nuestra parte, personas que actúan de forma agresiva ante ellos o necesidades básicas no cubiertas. En estos casos requieren que de forma inmediata actuemos para poner remedio y cubrir esa demanda encubierta. En niños mayorcitos, la «reflexión» puede darse una vez que ha pasado el temporal, y es en esos momentos cuando podemos expresarles nuestra empatía y comprensión, también las normas de nuestra convivencia e invitarlos a reparar el daño hecho, siempre con calma y acompañándolos.

 

Olga CarmonaOlga Carmona, Psicóloga Clínica, codirectora del centro de psicoterapia CEIBE, coautora del blog Psicología Ceibe y madre de dos niños.

Ella ha querido contribuir con mi consulta de una forma más extensa, ya que el tema da para mucho y ha publicado un artículo completísimo que os invito a leer.

Aquí tenéis un aperitivo de su post:

Antes de nada invito a la reflexión sobre si lo ocurrido es un mal comportamiento y para quien, y después planteo no quedarnos solo en cómo intervenir para enseñarles la forma adecuada de resolver un conflicto, sino ir más allá y tratar de entender porqué se provocó y qué está detrás de un mal comportamiento.

Y digo esto porque detrás de algunas “malas” conductas lo que hay es simplemente una falta de herramientas y/o de información que hubieran permitido al niño o niña actuar de otra manera.

Otras veces, las “malas” conductas encierran emociones dolorosas a situaciones para las que no tienen otra forma de gestionar ni de expresar, ni siquiera de identificar.

Por eso, como padres, como educadores, tenemos que trabajar en las dos direcciones paralelamente: la intervención y la reflexión. Lee el artículo entero aquí.

En resumen

Todos los expertos coinciden en que el primer paso es saber si estamos hablando o no de mal comportamiento, porque lo que nosotros podemos considerar un mal comportamiento, puede ser algo completamente normal. Por ejemplo: los bebés que vacían los cajones están explorando y aprendiendo, no están «portándose mal».

Una vez tenemos claro que el comportamiento indeseable es claro (por ejemplo, una agresión hacia otro niño),  hay que mantener la calma y no dejarnos llevar por nuestra impulsividad, porque entonces seríamos nosotros los que nos estaríamos portando mal.

Intentar hacer entender algo a un niño muy pequeño que está muy nervioso es inútil porque sus emociones son demasiado fuertes en ese momento y lo mejor es esperar a un momento tranquilo en el que el niño está más receptivo a escuchar.

La paciencia, la empatía, la reflexión, la escucha y el amor son claves para hacer reflexionar a nuestros hijos cuando el comportamiento no ha sido adecuado.

Intentar poner nombre a sus emociones les ayuda a gestionarlas mejor, asumiendo que no se trata de un trabajo de un día ni de dos…es a largo plazo.

Siempre demostrar a nuestros hijos que nuestro amor no está en juego, vamos a seguir ofreciéndoles nuestro cariño pase lo que pase.

Ahora te toca a ti responder ¿qué crees que debemos hacer cuando hijo tiene mal comportamiento y queremos hacerlo reflexionar?