Seguro que todos los que tenemos hermanos recordaremos nuestras riñas con ellos cuando éramos pequeños…de hecho, no conozco ninguna persona que tenga hermanos y no haya discutido con ellos en la infancia.

Las peleas entre hermanos son normales y me atrevería a decir que son incluso saludables, porque enseñan a convivir, a negociar, a respetar turnos, a compartir, etc.

Sin embargo, tengo que reconocer que cuando mis hijas discuten no me siento nada cómoda. Es una situación que no me gusta nada y eso que no se da muy a menudo, porque mis hijas riñen poquísimo.

¿Qué es lo que hacen muchos los padres en esta situación?

Pues depende de cada familia, esto es obvio, pero hay varias situaciones que veo con frecuencia:

– La mamá (o el papá) se pone de parte del pequeño casi siempre porque es el más «indefenso» y considera que necesita más ayuda. El mayor se siente tratado injustamente porque a veces tiene razón pero no se la dan.

– La mamá se pone de parte del mayor para que no tenga celos del pequeño y no se sienta desplazado. El pequeño entonces se siente en inferioridad de condiciones y seguramente tendrá celos de su hermano por ser el «favorito».

Y tanto en un caso como en otro, la situación no se resuelve y casi todos terminan enfadados.

Más vale prevenir

Cuando los hermanos se sienten acompañados, queridos, respetados y atendidos por separado, discuten menos entre ellos porque no sienten la necesidad de competir por la atención de sus padres.

Cada niño necesita tener algunos momentos de intimidad con los adultos a su cuidado. A algunos niños les gusta salir a pasear, a otros que sus papás jueguen con ellos o les lean un cuento…Por complicado de pueda parecer, siempre se puede encontrar un rato especial para compartir con cada uno de tus hijos.

Cuando mi hija Alejandra era más pequeña (sus dos primeros años), mi hija mayor y yo teniamos una tarde a la semana sólo para nosotras y le llamábamos «nuestra tarde especial».

En esa tarde nos íbamos al parque las dos solas y yo jugaba con mi hija a lo que ella me pedía.

Las primeras tardes me pedía juegos sin cesar: al pollito inglés, al pilla pilla, a piratas, a tirarnos por el tobogán, a columpiarla muy fuerte, etc.

Poco a poco su necesidad de MAMA fue disminuyendo, al ver que me seguía teniendo para ella y cada vez me pedía menos juegos y más irse con sus amigos a jugar…al cabo de los meses nuestra tarde especial consistía en ir al parque juntas para que ella jugara con sus amigos mientras yo la miraba de lejos y hablaba con otras madres jeje

Ahora ya no tenemos una «tarde especial» pero si nos bañamos juntas a solas a veces, leemos cuentos juntas, cocinamos juntas y muchas otras cosas, las dos solas.

Con Alejandra, la lactancia nos ha ayudado mucho a tener muchos ratos especiales de intimidad y los disfrutamos a diario.

Por otra parte, si los niños tienen hambre, estan cansados o han tenido cambios importantes en su vida (mudanza, viaje, empezar el cole…) pueden tener más tendencia a discutir y debemos tener paciencia con esto.

¿Y si ya están discutiendo?

Muchas veces no es conveniente que los adultos nos metamos en las discusiones de los niños por muchos motivos:

– Seguramente no hemos visto el motivo de la discusión y podemos equivocarnos con la solución

– Es mejor dejarles aprender a negociar y  resolver sus desacuerdos

– A veces ellos sólo necesitan gritar un poco y acaban riéndose de la situación

En mi caso, excepto si la discusión llega a las manos, intento no entrar y dejar a mis hijas que arreglen solas sus desacuerdos y os tengo que decir que la mayoría de las veces me sorprenden muchísimo solucionando sus problemas, riéndose de su riña y no teniendo ningún rencor.

¿Y vosotros intentáis solucionar las discusiones de vuestros hijos o les dejáis libertad para solucionarlo?