La nuestra es una revolución silenciosa, amorosa y pacífica. Es una revolución doméstica, en el sentido más sublime del término. Es un cambio cotidiano, permanente, cariñoso, tierno y compartido.

Laura Gutman (La revolución de las madres)

Últimamente, una nueva palabra se está escuchando por las redes sociales y la blogosfera relacionada con la maternidad: Re-evolución.

Es un término que se inventó mi adorado Ramón Soler (Revista Mente Libre) y que se refiere a una revolución que ya se está produciendo. Es lenta, pero imparable. Se trata de la revolución de las madres, de las familias, que con sus actos cotidianos están poniendo su granito de arena para que cambien las cosas.


Dice Ramón en su fantástico artículo La nueva Revolución, el cambio pacífico «Ha llegado el turno de la Revolución pacífica, la de la crianza vinculada, la del Amor. Ya está teniendo lugar y su energía surge desde la intimidad del hogar, desde el dormitorio, acompañando a los niños en sus procesos madurativos con Amor y Respeto.»

Todos podemos hacer algo

En estos momentos de crisis, en los que el futuro es tan incierto y el pesimismo abunda en el ambiente, yo creo que si podemos cambiar las cosas.

No podemos intentar repetir el modelo de sociedad que nos ha llevado a donde estamos ahora. Yo no quiero que repitamos un modelo de sociedad competitiva, consumista, de «tanto tienes tanto vales», agresiva…

En realidad las madres somos poderosas. Dicho así, suena a coña pero si lo pensamos por un momento, todas las personas tienen madre, inlcuso los políticos que hacen recortes y que parecen tan despiadados tienen una madre y a todos nos importa lo que nuestra madre dice.

La voz de las madres es escuchada siempre por sus hijos, aunque tengan 50 años. Si nosotras las madres, les mostramos a nuestros hijos un mundo hostil, ellos serán hostiles, pero si les mostramos un mundo hermoso, cooperativo, les mostramos nuestro amor incondicional, ellos devolverán al mundo amor.

Además, como demuestra la ciencia todos los días y cada vez más expertos se hacen eco, el apego seguro se consigue con el contacto físico, el amor, la entrega y este apego nos asegura niños confiados, generosos, honestos…porque se sienten amados.

Dice Laura Gutman en su libro La Revolución de las Madres que «Todo niño suficientemente amparado y adherido al cuerpo materno será libre. No tendrá miedo, vivirá dentro de la confianza más absoluta, será generoso porque sabrá que tiene todo lo que necesita. Será capaz de ponerse al servicio de los demás porque estará saciado de amor…»

Cada cambio que hacemos en nuestras casas, cada niño criado con el amor de sus padres, cada adulto que ha crecido sintiéndose la persona más importante del mundo para su «mamá» ayuda a mejorar la sociedad y a construir un mundo más justo y generoso.

Dice Elvis Canino (No me maltrates soy un niño) en su artículo Revolución Maternal!!! «lo verdaderamente primordial para un niño en sus primeros años de vida, y de hecho, lo que forja las bases sobre las que se asentará su personalidad y su estabilidad emocional, es ese contacto primordial y por supuesto, la “presencia de Mamá”. Ni la niñera, ni la maestra, ni el corral, ni la “socialización” van a reemplazar jamás su papel esencial de apoyo y sostén emocional»

Sin embargo, nuestra sociedad tiene «prisa«: para que el niño hable pronto, camine pronto, controle los esfínteres el primero de la clase, se socialice pronto (que, en mi opinión, la socialización de los niños está sobrevalorada…pero eso ya os lo contaré en otro artículo), juegue solo pronto, duerma solo pronto, aprenda las letras pronto, lea pronto, multiplique pronto…todo pronto..

Es lo más gratificante del mundo

Lo cierto es que poder criar a tus hijos con amor y verlos crecer felices es lo más gratificante del mundo…pero los resultados no se ven «pronto» por lo que muchas veces, la sociedad y el entorno de las madres no lo acepta.

Sin embargo ¿qué trabajo es más importante que el de criar a nuestros hijos?

Dice Armando Bastida (Bebes y Mas) en su artículo Qué triste que te critiquen por cuidar de tus hijos que cuando las madres intentan alargar sus excendencias o sus jornadas reducidas para cuidar de sus hijos reciben críticas como «que si vas a enmadrar al niño, que si cuándo vuelves al trabajo, que si sólo trabaja él, que por qué tú no haces nada, que el niño ya está creciendo y ya tendríais que buscar una guardería, que como te has reducido la jornada las demás tienen que hacer tu trabajo, que si no eres mejor madre por quedarte más tiempo cuidando de tu hijo, que si…»

No digo que todas las madres tengan que dejar de trabajar para cuidar de sus hijos, ni muchísimo menos. Cada familia y cada madre tendrá que tomar sus propias decisiones, pero lo que si me gustaría es que se valorara realmente el trabajo que supone cuidar a un hijo, ya que se convertirá en un futuro adulto y cómo le criemos va a afectar directamente en su estabilidad emocional.

De hecho, criar a mis hijas es el trabajo más difícil que he hecho en mi vida y al mismo tiempo, es el más gratificante.

De nuevo Elvis Canino en su artículo comenta «Las madres desempeñan la tarea más importante para el desarrollo de cualquier sociedad sana y próspera: Cuidan la semilla, riegan la cosecha, abrazan el retoño, le dan el calor que necesitan para formarse debidamente, lo protegen del ruido excesivo del mundo, lo levantan cuando se cae. ¿Cómo podemos menospreciar semejante función? ¿Cómo podemos dar más valor a un tipo que hace goles?»

Y es cierto, la tarea más importante, más relevante y más difícil es la que tenemos en casa.

¿Te unes a la Re-evolución?

 

Otros amigos que se han unido a la Re-evolución:

Ramón Soler y Elena Mayorga: La nueva revolución

Mireia Long: El viernes no se acaba el mundo

Elvis Canino: La revolución maternal

Alejandro Busto: La única revolución posible

Leslie Power: La revolución del amor en redes  y Es hora de una revolución del amor

Mª Pilar Gómez: Cambiar el mundo con la revolución en la crianza

Raquel y Rodrigo (Nuestro Mundo de Padres): La Re-evolución maternal

Catalina (Mamá También Sabe): Estamos en el lugar correcto: la re-evolución