¿Es posible irse del parque sin llorar?

Seguro que ta ha pasado alguna vez, tu hijo esta jugando tan contento y lo llamas para ir a la bañera…y entonces estalla el llanto. Cuando por fin se calma, va a bañarse y entonces cuando lleva ya un buen rato le dices que debe salir para cenar ¡y ahora no quiere salir!

¿Es porque le molesta todo lo que le dices?

No, es porque le molesta cambiar de actividad de manera brusca y sobretodo cuando estamos hablando de una actividad placentera: jugar, estar en el parque, irnos de casa de su amigo, salir de bañera, etc.

Según Laia Simón, directora de Comunicación Eficaz, asesora familiar especializada en comunicación empática, maestra y madre debemos abordar este tema desde otro punto de vista «Yo plantearía la pregunta de otra manera: ¿por qué a los adultos nos molesta que nuestros hijos se enfaden cuando les pedimos que cambien de actividad? Mostrarse molesto ante una situación es solo una forma de expresar una opinión al fin y al cabo. Aún así, no nos gusta. El tema da para mucho, pero me gustaría comentar el principal motivo por el que, en mi opinión, nos crispan estas situaciones: no obtenemos la colaboración que deseamos. Asumimos la responsabilidad de organizar horarios, planificar comidas, ser puntuales y transmitir esos valores a nuestras criaturas. Pero para ello requerimos de su colaboración. Y no siempre la obtenemos. Es una necesidad nuestra que no puede ser satisfecha y eso no nos agrada».

Es curioso pero si lo piensas Laia tiene mucha razón, necesitamos la colaboración de nuestros hijos para cumplir con nuestros horarios y hay personas que prefieren obtener su colaboración mediante la obediencia ciega (castigos y amenazas) y otras personas esperamos obtener su colaboración de buen grado con buen trato.

Y esto no es infalible, porque todos estamos concentrados en ocasiones y nos molesta que nos interrumpan, pero nos cuesta empatizar con nuestros hijos.

Azucena Manzanares, asesora de lactancia, educadora de disciplina positiva y creadora de la web Mamá capaz, nos invita a reflexionar y a ponernos en el lugar del niño: «Por ejemplo, cuando tu pareja/madre/otra persona está preparando la comida mientras tú trabajas/lees/estudias/ves el móvil y te avisa con un ¡venga, que ya está lista la comida!, si en ese momento estás muy enfocada en lo que estás haciendo, sueles contestar: ¡un minuto por favor, que ya termino! Si es un adulto el que nos dice esto, probablemente esperemos sin más. Si ese adulto se retrasara mucho más de 1 minuto, lo máximo que haríamos sería repetirle: ¡a la mesa, por favor! Incluso, podríamos molestarnos si ese retraso se prolonga mucho, pero jamás se nos pasaría por la cabeza el coger a ese adulto del brazo mientras le gritamos y lo sentamos a la fuerza a la mesa. sin embargo esto es lo que solemos hacer con los niñ@s».

Como podemos entender ya, no es algo que ocurra en niños pequeños. Aunque es cierto que ellos lo llevan peor, esta situación se da incluso en niños mayores o adultos como he podido ver en el testimonio de Leticia Jiménez, madre de dos niñas adolescentes y creadora del blog criandocreando.com «Me ha pasado, aún ahora con mi hija menor, están concentrados en alguna actividad y les cuesta cambiar a otra, si son pequeños hasta berrinche hacen. Para ellos es importante lo que estén haciendo, están concentrados, construyendo, armando o jugando algo, y están completamente concentrados».   

Cuando esto supone un problema en nuestra convivencia familiar, por ejemplo con niños que tienen rabietas explosivas de varias horas, quizás deberíamos replantearnos algunas cosas:

  • ¿Es realmente necesario lo que estoy pidiendo? (¿podemos quedarnos un rato más? ¿es obligatorio que se duche todos los días? ¿pasa algo si un día cenamos más tarde? etc.)
  • ¿Mi hijo me está escuchando? porque a veces les avisamos para que vayan a lavarse las manos y realmente no se han enterado
  • ¿Les estamos dando un margen para hacerse a la idea? porque muchas veces cuando avisamos ya es tarde y tenemos que irnos YA.

Leticia Jiménez propone avisar con tiempo para que los niños puedan ir desenganchándose de la actividad. Ella por ejemplo usaba un juego con su hija en el que se despedía de los columpios y así lo llevaban mejor «no puedes esperar que cuando digas «ya nos vamos» lo haga de inmediato, hay que darle tiempo, por ejemplo en un arque usábamos el -adiós columpios, adiós tobogán, adiós parque- y nos íbamos despidiendo».


Laia Simón nos propone además de anticiparnos, mostrar empatía hacia nuestros hijos. No cerrarnos en el «tengo que estar todo el día detrás de ti» o «nunca haces las cosas a la primera» y en su lugar probar a empatizar «al recibir la negación de nuestro hijo nos puede invadir el enfado. Prueba a mostrar empatía hacia tu hijo. Muestra un interés sincero por lo que está haciendo y, una vez te hayas asegurado de que ha recibido suficiente empatía expresa de forma asertiva lo que tú necesitas.»

Por su parte Azucena Manzanares además de anticipar explicando previamente cuándo vamos a tener que parar la actividad nos invita a reflexionar ¿es realmente tan urgente? ¿podemos darle quince minutos más? y así incluso negociar con ellos el poder alargar la actividad si vemos que no quieren parar «De esta manera, los niñ@s saben a qué atenerse (les hemos avisado) y también les damos cierta sensación de control (al negociar).»

En cualquier caso, como dice Azucena Manzanares «Hacer esto con cualquier actividad, hace que evitemos muchos de los estallidos emocionales y conflictos. Nunca conseguiremos que algo funcione el 100% de las veces, pero esta técnica suele tener éxito generalmente.»

En esto de criar a nuestros hijos no hay nada infalible y muchas veces funcionamos en base al ensayo-error, pero lo que sí tenemos claro es que con estas estrategias vamos a respetar las necesidades de nuestros hijos, vamos a tratarlos con cariño y además a la larga, conseguiremos que colaboren mucho más desde su propia iniciativa (no desde el miedo).

2019-01-11T10:18:54+00:00 1 Comment

One Comment

  1. Planeando ser padres enero 15, 2019 at 12:42 pm - Reply

    Con el carácter que tiene mi mochuela de serie, esto de dar le espectáculo en el parque a diario era una cosa que me empujaba al pánico. Oye, pues en 5 años ¡ni un llanto por acabar la jornada parqueril! Ahora que leo los consejos, veo que hemos aplicado muchos de los que están en la lista, por sentido común vamos. Espero que no entre en llanto a esta edad, que ella ya se ve mayor y realmente lo comprende todo y razona divinamente. Ya veremos si con el pequeño tenemos el mismo éxito.

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