En estos días de septiembre en los que muchos niños acaban sus vacaciones y empiezan el colegio las noticias de la televisión nos inundan con imágenes de niños llorando en las guarderías, las conversaciones en los parques giran en torno a lo mismo y las revistas para padres están llenas de consejos para una mejor adaptación.

Los niños pequeños necesitan una figura de apego para sentirse seguros y desarrollarse adecuadamente tanto física como emocionalmente. Esa figura de apego suele ser su madre, pero puede ser otra persona y lo normal en niños pequeños es que si pierden de vista a su figura de apego se sientan en peligro y se pongan a llorar.

Cuando un bebé o un niño pequeño no está cerca de una figura de apego que le de seguridad se siente en verdadero peligro. Sus instintos más primarios se ponen en alerta, siente miedo, se estresa y llora buscando desesperadamente a su mamá.


En la guardería, su figura de apego desaparece y se queda a cargo de una desconocida, que seguro que es una persona estupenda, pero el niño no la conoce. Además, se encuentra que hay muchos niños a su alrededor que tampoco conoce y se siente inseguro.

En el cole me dicen que se le pasa en un rato

Generalmente los niños no se pasan las 8 horas de guardería llorando (aunque conozco algunos casos realmente estremecedores) y esto es muy fácil de entender.

Cuando un niño llora, se estresa mucho y su cuerpo desprende cortisol y adrenalina (las hormonas del estrés). El cortisol es neurotóxico y si además se combina con serotonina provoca el vómito involuntario, por eso muchos niños vomitan al llorar mucho, no porque lo provoquen a propósito para manipularnos.

El cuerpo no puede mantener estos niveles tan altos de hormonas del estrés porque el cerebro podría colapsarse y lo contrarresta con tranquilizantes naturales: serotonina, endorfinas y opíaceos naturales. De esta forma el niño se tranquiliza (incluso a veces se duerme…) pero no porque esté contento, sino porque está «autodrogado», es únicamente instinto de supervivencia.

¿Que hacer?

Lo ideal sería que el niño no tuviera que quedarse llorando en la guardería, que hubiera una adaptación adecuada para él donde sus padres pudieran estar presentes todo el tiempo que necesitara, pero este caso casi siempre es imposible.

Así que una vez que damos por hecho que los padres no van a poder estar acompañando a su hijo durante algunas semanas para que su adaptación sea sin lágrimas, lo primero que se debe intentar es acompañar al niño en su llanto, abrazarle y comprenderle. No hay nada más triste que ver a un niño llorando solito en una guardería sin nadie que le consuele.

Esto no va a hacer que su mamá vuelva, pero al menos el niño se sentirá algo más querido.

Si vomita no hay que reprocharle nada, no lo hace a propósito y ya es bastante desagradable vomitar como para que encima te regañen por ello.

¿Y los papás qué pueden hacer?

En realidad los niños no «necesitan» ir al colegio durante los primeros años de su vida, pero generalmente sus padres tienen que trabajar y deben llevarlo. Así que, una vez entendido lo que le pasa al niño podemos empatizar con él, entenderle, explicarle que nosotros tampoco queremos separarnos de él y compensar el tiempo perdido en la medida de lo posible (el colecho es muy buena opción para esto).

¿Y vuestros hijos lloran al quedarse en el cole o van contentos?