Dice Rosa Jové en su libro Ni Rabietas Ni Conflictos, que lo que valoramos en los adultos lo censuramos en los niños, osea que tenemos diferente rasero para medir el comportamiento en los adultos que en los niños.

Puede parecer paradójico pero es así y si nos paramos a pensar seguro que nos damos cuenta.

Seguramente todos nosotros soñamos con que nuestros hijos sean adultos valientes, que sepan tomar sus propias decisiones, que tengan espíritu crítico y capacidad de análisis, que sepan mantenerse firmes en sus creencias a pesar de las oposiciones…



Sin embargo, queremos que nuestros hijos sean sumisos, que obedezcan lo que les pedimos sin rechistar, que no nos pidean explicaciones ni repliquen a lo que les ordenamos; no nos gustan los niños tozudos y no admitimos que se pongan pesados con sus peticiones.

¿De verdad pensamos que los niños criados en el «aquí mando yo» se convierten en adultos con capacidad de liderazgo? Yo no lo creo…

Yo no quiero que mis hijas sean sumisas, ni ahora conmigo ni en el futuro con sus parejas, ni con sus jefes. Los NO de ahora son los precursores de los NO del futuro y yo quiero que mis hijas sean capaces de decir NO cuando  quieran hacerlo: no quiero droga, no quiero acostarme contigo, no quiero hacer eso…

Por pequeños que sean nuestros hijos seguro que podemos ir enseñándoles a tomar decisiones…¿cómo? pues ¡decidiendo cosas! y no vale dejarle decidir el cuento para leer por la noche, estoy hablando de decisiones que impliquen responsabilidad.

Además, cuando los niños se implican en las normas y toman sus propias decisiones, también aprenden a equivocarse y a asumir sus errores. Por ejemplo, si mi hija mayor decide ponerse un pantalón de chándal con unos zapatitos de charol tendrá que aguantar las miradas raras de la gente o las risas 🙂

¿Y vosotros dejáis a vuestros hijos tomar sus propias decisiones?