El sábado pasado tuve la suerte de poder asistir en directo a un fantástico Taller de la Pedagogía Blanca impartido por Azucena Caballero.

Azucena es una auténtica mujer multitarea porque gestiona la Comunidad Educarpetas, la Comunidad Schoolcarpetas, dirige la Pedagogía Blanca junto a Mireia Long, dirige el programa formativo Mujeres Empoderadas también junto a Mireia y más recientemente dirige la Editorial de la Pedagogía Blanca donde se publican libros sobre crianza que pretenden romper el paradigma dominante.

Si por esto fuera poco es madre de tres hijos a los que educa en casa y es autora de numerosos libros: Organiza tu hogar en 30 Días (nº1 en Amazon desde hace más de un año), Respuestas y Reflexiones de una Madre Homeschooler, Mamá, Logra tus Objetivos, Herramientas Fundamentales para Emprender con Éxito Online, Optimiza tus Mañanas, etc.

taller limites azucena

Pues esta mujer con este currículum tan enorme, además es una gran oradora y nos dió un Taller en el que habló sobre Límites, Libertad y Responsabilidad del que  saqué varias ideas importantes:

Los niños no son ciudadanos de segunda categoría

Obviamente esta idea siempre la he tenido clara, pero es maravilloso escucharlo de boca de expertos.

Muchas veces tratamos a los niños como si no tuvieran la misma validez que los adultos: minimizamos su llanto, los manipulamos, ignoramos sus necesidades y ponemos por delante las de los adultos, etc. y debemos pararnos a pensar si estamos haciendo esto porque nuestros hijos no se lo merecen.

Nuestros hijos son las personas más importantes de nuestra vida y ellos DEBEN SABERLO

Es importante decir a nuestros hijos cada uno de los días de su vida que son maravillosos, que nos hacen felices, que somos afortunadas por ser su madre, que los amamos incondicionalmente y que ni en nuestros mejores sueños imaginábamos que tendríamos la suerte de tener un hijo tan especial y fantástico.

Muchas veces no decimos estas cosas a nuestros hijos. Bien por las prisas, por la rutina, porque no nos damos cuenta…pero ¡debemos darnos cuenta! y debemos hacerlo porque como dijo Azucena ¿Si nosotras no decimos a nuestros hijos que son maravillosos y aumentamos su autoestima quién lo hará?

Los límites son necesarios. Deben ser pocos pero claros

Azucena nos invitó a pensar en esas cosas que nuestros padres nos «obligaban a hacer» y que nosotros considerábamos que eran una tontería. Cada uno en su casa tendrá sus propias experiencias pero si lo pensamos seguro que encontramos varios ejemplos: terminar la comida del plato, comer sentados, no ir descalzos, no ver la TV entre semana, etc.

Si conseguimos ponernos en el lugar de nuestros hijo podemos ver qué límite es realmente necesario y qué límite se puede negociar o incluso eliminar.

Una buena forma de descubrir qué límite se puede modificar es mirar con lupa esos que nuestros hijos llevan tan mal…ya sabéis, ese que le cuesta tanto de cumplir. Siempre hay alguno así…por ejemplo, recoge los juguetes después de jugar sin problemas pero es incapaz de permanecer sentado en la mesa mientras cena.

Los padres somos responsables de la seguridad de nuestros hijos: física, emocional y de relaciones sociales

Lo que significa que los límites deben ir encaminados en ese sentido: a lo mejor no pasa nada porque nuestro hijo salte en el sofá pero no vamos a dejarle asomarse a las ventanas abiertas por mucho que llore.

Igual que no podemos dejarle desayunar todos los días un donut de chocolate porque su salud depende de nosotras, no del niño. Y del mismo modo no vamos a dejar que quite los juguetes a los niños en el parque «porque es pequeño».

Los mejores límites son los que cubren la seguridad del niño (evitan los peligros) y enseñan al niño el respeto, tanto por uno mismo como a los demás. Esto significa que no vamos a permitir que nadie pegue a nuestro hijo, pero tampoco vamos a permitir que nuestro hijo nos pegue a nosotras.

Debemos poner la mirada a lo lejos

Azucena nos hizo una pregunta que me dejó pensando durante horas: Si murieras ¿Qué te gustaría que dijeran tus hijos en tu entierro?

Porque ahí está la clave real de todo…la importancia de los límites y de muchas normas se cae rodando cuando intentas responder esta pregunta.

¿Qué te gustaría que dijeran? ¿Que eras una persona muy guapa que siempre iba a la moda? ¿que eras educada y siempre sabías estar en cualquier ambiente? ¿que estabas demasiado ocupada para estar con ellos pero que lo hacías por su bien? ¿qué?

A mi me gustaría que dijeran que las quise incondicionalmente, que siempre hice todo lo posible por estar con ellas el mayor tiempo posible, que las apoyé en todo momento y que me esforcé en enseñarles las cosas realmente importantes en la vida (dejando a un lado los temas materiales y superficiales que nos inundan en esta sociedad).

Eso me gustaría que dijeran mis hijas y ese debe ser mi objetivo…trabajar para conseguir eso, intentando quitar importancia al resto de cosas.

Y es que muchas veces nos mareamos con el día a día, nos creemos que lo que hacemos hoy es fundamental para algo y en realidad nuestra mirada debería estar más lejos porque lo que pase sólo es importante en la medida que tenga resultados mañana, cuando nuestros hijos sean adultos y formen su propia familia.

Así que ahora te lanzo la pregunta ¿qué te gustaría que dijeran tus hijos de ti en tu entierro?