Jane Nelsen es la autora del libro «¿Cómo educar con firmeza y cariño?» (enlace de Amazon AQUÍ) y se la considera la sensei de la disciplina positiva 😉

De todo lo que ha escrito esta mujer, esta cita me parece de las mejores y realmente son palabras que te remueven por dentro:

¿De dónde hemos sacado la idea de que un niño debe sentirse mal para comportarse bien? Jane Nelsen

Porque según el enfoque de la disciplina positiva, si un niño se comporta mal es que se siente mal y sin embargo cuando se siente bien, se comporta bien.

Entendiendo esto, nos damos cuenta de que nuestros hijos no se comportan mal para fastidiarnos o porque son «malos».

Se comportan mal porque no se sienten bien y quieren expresarlo de alguna manera.



La disciplina positiva se basa en la comunicación, el amor, el entendimiento y la empatía para disfrutar de las relaciones familiares y da herramientas a los padres para entender el comportamiento de sus hijos (incluso cuando no es adecuado) y reconducirlo con respeto, sin castigos y de forma afectuosa.

La disciplina positiva es un enfoque que no incluye ni el control excesivo pero tampoco la permisividad (al contrario de lo que muchos piensan).

Se basa en el respeto mutuo y la colaboración, con la intención de enseñar al niño competencias básicas para la vida.

¿Qué hacer cuando hay mal comportamiento?

Una vez entendido esto ¿qué pasa con los niños que tienen comportamientos claramente negativos? como por ejemplo, cuando un niño pega a otro o molesta intencionadamente a sus compañeros.

Nuestra tendencia principal suele ser castigar al niño, enfadarnos con él e incluso gritarle, porque básicamente es lo que estamos acostumbrados a ver, pero debemos saber que los castigos no funcionan.

Los castigos crean resentimiento en nuestros hijos (o miedo, que es peor), provocan el «buen comportamiento» sólo por miedo a la represalia, promueve el engaño, la mentira y la falta de confianza y evita el proceso interno al niño de comprender por qué se ha comportado mal y qué debe hacer para remediarlo.

Por tanto, la disciplina positiva recomienda eliminar los castigos y ofrece diferentes alternativas. 

Según Adele Faber y Elaine Mazlish, autoras del libro «Como hablar para que sus hijos le escuchen y cómo escuchar para que sus hijos le hablen» estas son las pautas que podemos usar:

  • Expresar los sentimientos sin atacar ni etiquetar: Me ha molestado que no me hayas devuelto mi sierra nueva y la hayas dejado tirada en el jardín
  • Manifestar nuestras expectativas: cuando presto mis cosas a alguien, espero que las cuiden y me las devuelvan
  • Enseñar al niño cómo rectificar y resolver la situación: ahora puedes arreglar mi sierra limpiándola con un estropajo
  • Dar opciones al niño: puedes pedirme las herramientas y devolvérmelas o no pedírmelas
  • Tomar medidas (si se repite la situación): cerrar la caja de herramientas con llave
  • Buscar juntos una solución: ¿qué crees que podríamos hacer para que no se vuelva a repetir?

Otra de las herramientas que propone Jane Nelsen es realizar las llamadas reuniones familiares (o de clase, si estamos en el colegio).

En estas reuniones se plantea un problema y todos los que participan tienen voz, voto y participan en la solución.

Todos los miembros de la familia (o de la clase) deben aportar ideas para la resolución del mismo teniendo en cuenta que no se trata de buscar culpables o castigar a nadie, se trata de resolver un problema que a algún miembro de la familia le molesta.

La autora recomienda usar la regla de las tres R y una U para encontrar soluciones a los problemas sin buscar castigos ni consecuencias: La solución debe ser Relacionada, Respetuosa, Razonable y Útil.

Para más información sobre educar sin castigar, también puedes ver el Webinar gratuito que impartió la experta Mireia Long hace un tiempo.

¿Y no van a ser niños malcriados?

Tenemos una idea mal entendida en cuanto a la crianza de nuestros hijos.

Queremos que avancen muy rápido y se independicen muy pronto cuando son pequeños (que es cuando más necesitan nuestra ayuda y paciencia) y luego no les dejamos volar cuando se hacen mayores por miedo.

Confundimos la crianza con respeto con la crianza sin límites y no son sinónimos.

Que una familia trate con cariño y respeto a sus hijos no significa que no tenga normas de convivencia que todos deben cumplir.

Y de hecho, se ha comprobado científicamente y empíricamente, que los niños que son tratados con respeto tienen mejores relaciones familiares, apego seguro con su cuidador principal, mejor salud emocional tanto en la niñez como en la edad adulta, son personas menos conflictivas y con más capacidad de empatía y con una alta probabilidad de tener relaciones sanas, seguras y saludables con otras personas a lo largo de la vida.

Yo he podido comprobar con mis propias hijas, que con la disciplina positiva y la crianza respetuosa, los niños no se convierten en delincuentes malcriados, sino que son personas empáticas, respetuosas y educadas.

Para ampliar información, puedes leer aquí la respuesta de la psicóloga experta Mónica Serrano ante la pregunta de una madre sobre poner límites de forma respetuosa.

Como ves, mi recomendación es que uses la disciplina positiva y la empatía en la crianza, a pesar de todas las críticas que seguro vas a recibir, porque vale la pena.